Hombre, Ciencia y Tecnología ISNN: 1028-0871 Vol. 30, No. 2, abr-jun, pp. 21-31, 2026
Este análisis conduce a dos objetivos fundamentales:
1. Analizar el pensamiento crítico-reflexivo en el uso acrítico de la tecnología por parte de
estudiantes universitarios de Química en la esfera de educación ambiental.
2. Proponer acciones pedagógicas y curriculares para el uso crítico de la tecnología en la
formación ambiental del estudiante universitario de Química.
La relación simbiótica entre la ciencia y la tecnología ha sido el motor de las transformaciones
más profundas de la sociedad moderna. Para comprender el contexto actual en el que la
tecnología impacta la formación del pensamiento, es imperativo trazar una línea evolutiva que
parte de finales del siglo XIX y desemboca en los conceptos emergentes del siglo XXI. Esta
evolución paradigmática redefine en cada etapa la capacidad humana para interactuar y
transformar su entorno, incluido el medio ambiente, del cual la química es un actor central
(Gnaur & Hindhede, 2023).
La Segunda Revolución Industrial (c. 1870-1914) se caracterizó por desarrollos como la
química industrial, la síntesis de nuevos materiales y la electrificación, basada en el uso de
hidrocarburos. Este proceso, que siguió el patrón descrito por Ortega y Gasset (2019) de un
desarrollo técnico acelerado sin una correspondiente reflexión crítica sobre sus fundamentos,
comenzó a generar, desde una perspectiva histórica posterior, los primeros problemas
ambientales a gran escala, como la contaminación de ríos por desechos industriales.
La Tercera Revolución Industrial o Revolución Digital, iniciada en la segunda mitad del siglo
XX con el transistor y el microprocesador, desplazó el centro de gravedad de la tecnología de
lo mecánico-analógico a lo digital-informacional (Castells, 2000). La computadora personal e
internet transformaron radicalmente el acceso al conocimiento y la comunicación. Para el
estudiante de Química, esto significó el acceso inmediato a bases de datos de artículos
científicos, software de modelado molecular y calculadoras programables. Este cambio, sin
embargo, podría estar alterando la forma de aprender. Como señala Carr (2020), la relación
con el conocimiento ha empezado a transitar desde una construcción interna y reflexiva hacia
una dinámica de búsqueda y recuperación externa, un fenómeno precursor de lo que él analiza
como el 'efecto Google' o la externalización de la memoria.
En la actualidad, este tema se sitúa en la Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por la
fusión de tecnologías que transitan las fronteras entre lo físico, lo digital y lo biológico. La
inteligencia artificial, el internet de las cosas, la biotecnología sintética y el big data definen
este nuevo paradigma (Schwab, 2016). Para la Química, esto se traduce en laboratorios
automatizados, IA que predice rutas sintéticas y sensores que monitorean la contaminación en
tiempo real. El estudiante puede operar un software de simulación compleja sin comprender
los principios fisicoquímicos que lo sustentan, confiando ciegamente en el resultado.
En síntesis, la evolución histórica muestra una trayectoria desde una tecnología que
amplificaba la capacidad física hacia una que amplifica su uso excesivo y acrítico, que suplanta
no solo la capacidad física, sino también la capacidad cognitiva del ser humano. Este recorrido
sienta las bases para comprender por qué, en el contexto educativo actual, la tecnología puede
convertirse en un arma de doble filo para el desarrollo del pensamiento crítico-reflexivo, tan
necesario para una Química ambientalmente responsable.
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